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Con fervor se quiere lo ambiguo

lunes, 30 de junio de 2008


Entró Jorge y preguntó comentando:
"¿Cómo se quiere una ambigüedad? ¿Se trata de un deseo ambiguo, o de un deseo específico de algo ambiguo? ¿O esta pregunta es demasiado específica?"

Veremos si me aproximo a la respuesta.
Querer una ambigüedad, querido Jorge, es un deseo muy especial y resonante en el alma humana. Es el ferviente sentimiento de no querer gastar energía en discernir sobre la forma, modo y calidad en la que se presentan las cosas.

Aparece mucho en personas que gastan sus días en trabajos que exijen mucha responsabilidad y toma de decisiones rápidas y certeras. Al final de cada día, su interior busca relajarse con una gran ambigüedad que no les pida nada. Surgen, así, expresiones del tipo “Ma’ sí! Que se venga lo que sea” o “Se igual”, como diría el Negro Dolina.

Finalmente, se da en el que busca ambigüedades, un doble juego de la libertad: por un lado busca librarse de la presión antes mencionada (esto indica una falta de libertad) y por otro debe esperar ese “lo que sea” con los brazos abiertos (lo que demuestra una libertad mayor aún).

Espero haber respondido en cierto modo, pero nunca totalmente.

De cuatro en cuatro

sábado, 28 de junio de 2008

Me lo mandó Mili, una asidua visitante de la tienda (aunque la tienda tenga dos días).
A ella, gracias por el aporte.
Ahí va...

LA TIENDA DE AMBIGÜEDADES

Si le da vueltas y vueltas en la cabeza a lo ambiguo,
y ni siquiera el continuo de pensar lo soluciona,
ni en el diccionario asoma definición interesante,
sobre este monstruoso arte de vender lo indefinido.

Si se confunde lo ambiguo, con lo que puede ser vago
debe estar atosigado ante semejante problema
de creer una blasfemia lo que vende este buen hombre.
Allí no hay imprecisión… sino duda y confusión.

Si le preocupa la gente que hasta su tienda se acerca
no debe perder la cuenta de los que hasta ahora vio entrar,
saliendo de ese lugar más compungidos que antes
si al buscar la consonante se le ofrece una vocal.

Si más le preocupa el tipo, que está solo y encerrado
pretendiendo, estando errado, dar solución a esas vidas
yo me atrevo, a usted pedirle: no lo imagine “en las vías”,
Franco sabe qué decirle al que nos mira de arriba.

Los clientes

viernes, 27 de junio de 2008


Ustedes se preguntarán qué tipo de personas vienen a la tienda (puede que no se lo pregunten, pero no me importa, tengo ganas de escribirlo)

Se acerca gente de todo tipo, no tenemos un consumidor tipo, por lo que nuestro target es amplísimo.

Eso sí: los verdaderos clientes son los buscadores de sorpresas. Esos que vienen, piden su ambigüedad o vaguedad y no ponen peros, aceptan lo que les fue dado, pagan, agradecen y se van. Son mis preferidos, pero también vienen los pesados, los cuestionadores o los aclaradores. ¿Para qué vienen? No lo sé. Estimo que alguien más los debe haber mandado a hacer las compras.

Si se da una vueltita por la tienda, hágame caso: pida algo y déjese sorprender.

Ambigüedades y afines


La gente ya empezó a pedir cosas que no podía ofrecerle, y es que creo que con el tema de las ambigüedades me volví un poco específico.
Algunos me piden, por ejemplo, "alguna cosa" o "mucho frío", por lo que decidí poner una sección con Vaguedades.

Así que ya sabe, señor, señora:

Todo lo vago ya llegó a la Tienda de Ambigüedades (y afines)!!!.
Límites mal definidos, disparates lingüísticos y escaparates cotidianos.

La cosa es que vendemos cosas (también hay cosos y cositos)

Tenemos de todo

jueves, 26 de junio de 2008



Vino el pibe de acá a la vuelta pidiendo una ambigüedad. Menos mal porque otra cosa acá no hay.
El tema es que quería que fuera importada y blanca.

No se crean que es fácil encontrar especificidades en el depósito. Tengo todo ordenado pero voy cambiando constantemente de criterios de ordenamiento, así que alguien que no entiende podría decir que está desordenado.

Busqué, revolví y encontré la ambigüedad importada y blanca: un monaguillo comunista europeo.

Otro cliente satisfecho.

"Eso" no se dice



Ayer vino una señora y la muy sinvergüenza me miró y me dijo "Yo ya sé que esta es la tienda de ambigüedades", a lo que yo respondí que la felicitaba. Acto seguido saca de su bolsillo la mano derecha, cierra el puño, extiende el dedo índice y señalando una ambigüedad dice "Quiero eso".

- ¿Cómo se llama, señora?
- Lidia
- Lidia, acá no puede venir a señalar tan decidida las cosas porque se estropean. Si sigue haciendo eso dejan de ser ambigüedades para ser algo definido, ¿entiende? Ahora me va a tener que pagar lo que señaló, ya perdió todo su valor ambiguo.


La vieja se recalentó y se fue.

Esto me da que pensar dos cosas: poner un cartel que diga ""Eso" no se dice" o "El que señala paga" y que no tengo que tener todo a la vista porque la gente se tienta a decidirse.

 
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