lunes, 30 de junio de 2008
Entró Jorge y preguntó comentando:
"¿Cómo se quiere una ambigüedad? ¿Se trata de un deseo ambiguo, o de un deseo específico de algo ambiguo? ¿O esta pregunta es demasiado específica?"
Veremos si me aproximo a la respuesta.
Querer una ambigüedad, querido Jorge, es un deseo muy especial y resonante en el alma humana. Es el ferviente sentimiento de no querer gastar energía en discernir sobre la forma, modo y calidad en la que se presentan las cosas.
Aparece mucho en personas que gastan sus días en trabajos que exijen mucha responsabilidad y toma de decisiones rápidas y certeras. Al final de cada día, su interior busca relajarse con una gran ambigüedad que no les pida nada. Surgen, así, expresiones del tipo “Ma’ sí! Que se venga lo que sea” o “Se igual”, como diría el Negro Dolina.
Finalmente, se da en el que busca ambigüedades, un doble juego de la libertad: por un lado busca librarse de la presión antes mencionada (esto indica una falta de libertad) y por otro debe esperar ese “lo que sea” con los brazos abiertos (lo que demuestra una libertad mayor aún).
Espero haber respondido en cierto modo, pero nunca totalmente.